Dra. Rosabel Maza

32. Sobre el Bien o el Uno

Por: Rosabel Maza

Sobre el Bien o el Uno

Las Eneadas VI 9 (9) de Plotino

Plotino, filósofo latino a quien se le considera fundador del neoplatonismo, elabora una doctrina que responde a una exigencia de espiritualidad y universalismo.  Podemos decir que realiza una síntesis del racionalismo griego y el pensamiento oriental. De esta manera, defiende un monoteísmo, pero se diferencia del cristianismo, que propone un Dios personal. Plotino afirma la absoluta negatividad de Dios, al que llama «lo Uno», de quien no se posible elaborar ningún atributo, ya que ello limitaría y sería imperfecto. Lo Uno es  causa de todo lo demás, siendo efecto de una absoluta perfección. Todo regresa al Uno. El hombre, incluso, es integrado en un movimiento de retorno, debiendo evitar entregarse a la pluralidad de objetos u acciones, sino, buscar la verdad en sí mismo,  incluso, llegando a la negación de todo objeto y de sí mismo.

En su contemplación mística, Plotino hace del Uno como el principio y fin de una unión de la vida filosófica o espiritual. Empieza su trayectoria en el mundo de las formas platónico donde reconoce la inteligencia divina para luego llegar en su elaboración a una unión mística.

Todos los seres, son seres, por la unidad. Abandonada la unidad, se fragmentan en la multiplicidad. El alma reduce a unidad todas las cosas ya que las crea, modela, configura y coordina de tal manera que ella es quien suministra la unidad al Uno. Sin embargo, ella es distinta de la unidad, posee un mayor grado que ella. No es el Uno mismo, el alma es una y la unidad es accesoria, son distintas, como cuerpo y alma. Sin embargo el cuerpo y uno no son lo mismo, pero el cuerpo participa de la unidad. El alma es una y también es múltiple, en ella, hay muchas potencias –la de razonar, la de apetecer, percibir, todas ligadas por un vínculo, la UNIDAD.

La idea de Esencia total se identifica con el Ser y con el Uno. Si hallaste el Ser, habrás hallado el Uno y que la Esencia en sí es el Uno en Sí. Así, si la Esencia es inteligencia, también el Uno es inteligencia, siendo a la vez Ser primario y Uno primario.

La razón, por el contrario,  mostraba que cada cosa perdía la unidad ya que cada cosa es una multiplicidad y la unidad no puede ser multiplicidad. Así, una cosa sería el ser y otra la unidad. El hombre es animal y racional, es multiplicidad y también multiplicidad ligada por una unidad. Es divisible e indivisible. El Ser total es tanto multiplicidad y distinto del Uno, sólo posee la unidad por comunión y participación. El Ser posee vida. El ser es multiplicidad. El Ser es Inteligencia. En suma, el Uno es primero que la Inteligencia, las Formas y el Ser. La Inteligencia está presente al Bien y al Primero, más el Uno no es ni todas las cosas, porque no sería uno. Debemos contemplar al Uno sin añadir sensación, sino contemplar lo purísimo con inteligencia pura. Ya que la naturaleza del Uno es la progenitora de todas las cosas, sin ser ellas. No tiene ni quididad, ni cualidad, ni cuantidad, ni inteligencia ni alma. No está en movimiento ni reposo, ni en un lugar o tiempo, es autosubsistente e uniforme. Por ello, lo difícil de colocarle atributos al Uno.

El alma se acerca a la ciencia, que es razonamiento y el razonamiento es multiplicidad. El alma deja atrás la unidad cayendo en el número y la multiplicidad. Platón dijo que toda luz del día proviene del sol, que es innegable e indescriptible. Por ello, la contemplación es tarea propia de quien desee ver.

Plotino asevera que los seres están regidos por la fortuna y la espontaneidad y que su cohesión se debe a causas corpóreas extraviadas de Dios y de la noción de Unidad. La multiplicidad conjunta, el universo inteligible, son lo próximo al Primero, son más importantes que el alma sin embargo, no son primero, ya que ni es uno ni es simple. El Uno y el Principio de todas las cosas es simple. El Uno reduce la Inteligencia a Esencia ya que el Uno no existiría si no pre-existiera la Esencia y lo anterior a la Esencia. Debemos comprender que el Uno ni es inherente a un sujeto, ni es indiviso de lo mínimo, pues es máximo de todos en fuerza. El Uno no busca nada, es causa para los demás, es el sostén de todas las cosas. El Uno no tiene bien, tampoco deseo de nada ya que es un Bien Supremo. Existe solo, no necesita pensarse en sí mismo, no hay que concebirlo como Pensante, antes bien como Pensamiento, el Bien sobre todos los bienes. Prescinde de todo lo exterior y se vuelve del todo a lo interior. Con el Uno vemos la Fuente de la Vida, de la Inteligencia, el Principio del Ser, la Causa del Bien y la Raíz del Alma. Son eternos y permanentes, íntegros.

Plotino finaliza con esta frase “Al ver a aquél se ve a sí mismo esplendoroso y lleno de luz inteligible hecho Dios siendo Dios.”, que engloba la contemplación continua de lo superior. Para él, el sagrario es invisible, como lo es la Fuente y el Principio, más sabrá la visión qué es el Principio por el principio mismo para llegar a Él. Por ello, uno mismo se transforma en tanto uno trata con aquél.

Esta pequeña síntesis, si bien tiene un contenido circular, se simplifica cuando hallamos la sensación de la belleza de sus palabras. Plotino, no hace más que sintetizar e unificar algo indescriptible, el Bien o el Uno. Uno, unión mística, es la síntesis indescifrable de una comunión. Comparto con vosotros estos escritos que siguen iluminando a través de los siglos.

Rosabel M. Maza / Lima, Perú
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