Dra. Rosabel Maza

51. La negatividad – Lo todo es lo no verdadero ADORNO

Por: Dra. Rosabel Maza

La NEGATIVIDAD – Lo todo no es lo no verdadero

en Theodor Adorno

Introducción

En el libro La Dialéctica negativa, Adorno[1] ,la negatividad permanece como diferente, refuta a la negatividad de toda identidad, no llega a la síntesis de la identidad, sino la convierte en un <no-ser> disolvente que no admite la integración que Hegel planteaba luego de la contradicción en una identidad superior. En Adorno, la negatividad se encuentra en una tensión dinámica constante, una agitación constante y en diálectica, que va de contradicción en contradicción, en un vaivén que no llega a ser armonía, ni se supera. La dialéctica permite la dicotomía de la razón frente a la realidad, negaciones que buscan un continuum en el pensamiento dialéctico de Adorno que no se detiene ni paraliza ante la realidad. Para él, subsumir la filosofía en totalidades o unidades que subjetivizan al sujeto es criterio para impugnarla. Por ello, instala el dialogo e interacción con el sujeto.

La Dialéctica negativa busca cuestionar a La Ilustración y debatir sus constructos totalitaristas y mitologizantes. He ahí, que Adorno desarrolla una nueva estructura subjetivista-objetivista no dialéctica en el que se aleja de la identidad, estructura una interacción que se sumerge en lo particular y lo singular. Lo urgente es donde no se llega, lo que se excluye.[2] Adorno no niega a la razón, sino se opone al subjetivismo irracionalista, en donde se busca forzar la captación de la realidad y sumergirla en un constructo unitario. Adorno ve la contradicción en la realidad, ella no es un orden minucioso, la realidad incluye lo no captable, diluye la ilusión de la unidad de lo causal-metódico cientificista. Agrega el movimiento ante ideologías unitarias, dando prioridad a lo particular. Siempre ha existido la violencia en las civilizaciones, y éstas han sido parte del sufrimiento del sujeto ante la opresión e imposición ideológica, agrega. Así, de un modo artístico, Adorno integra la realidad rehaciéndola cada vez que se cape la realidad diferente, el mismo sujeto pinta su realidad, siendo él mismo protagonista de su historia, ya que él sólo interactúa con lo real. A esto le llama interconexión dialéctica entre sujeto y objeto. Pasaremos a las diapositivas en las que explicaremos con detalle las ideas anteriormente señaladas.

1. El principio de la filosofía de Adorno

La filosofía de Adorno nace como respuesta al exterior, surge de la experiencia de la realidad, por lo que ubicamos su principio fuera de sí misma. La respuesta que da es un <no>, una crítica, una denuncia hacia los procesos racionales que tienen lugar en la filosofía como en la cultura y que estructuran la estructura social y el principio de identidad.  Así, la filosofía adorniana no se auto fundamenta en un principio positivo, sino que surge como negación de un principio que se encuentra fuera de sí.

2. La razón no busca conocer lo real.

Revisaremos que la razón, a lo largo de la historia de la humanidad no ha cumplido su promesa de conocimiento ni de dominio. La razón no busca la verdad ni el conocimiento de conocer lo real, sino que busca someter todo lo que existe, en un afán y pretensión de totalidad. Ese exceso de razón no es más que carencia de racionalidad cedida a la voluntad. La razón se ha entregado a la razón como su instrumento ha renunciando a la objetividad del conocimiento y se ha dejado guiar por intereses subjetivos.

3. Filosofía liberarse del principio de identidad

La razón exige identificarse con ella, para dominar la realidad, usa la fuerza para dominar la realidad, pues recorta y encorseta todo lo que existe. Construye el mundo a su imagen. Es cierto que el conocimiento no puede prescindir de la identificación como fundamento, por ello Adorno, a lo que se opone es a la identificación como imposición de un principio fundamental, no se puede contemplar la realidad y descubrir su propia imagen en todas las cosas, eso es una tautología. Para Adorno, el asegurarse la verdad implica perderla, es caer en un solipsismo absurdo de atrapar el todo y atraparse a sí misma.

4. Filosofía salir a la experiencia

El no incorporar la experiencia nos acerca a un idealismo, que según Adorno está atrapada la filosofía del siglo XIX y de la que no se desliga. /Kant, Heidegger/ En ella se olvida lo diferente, lo contingente, lo casual, por lo que una filosofía que aspire a conocer lo real debe asumir que éste no es puramente racional; lo real es lo que la razón no agota, lo imprevisible, lo que puede sorprender a la razón, es decir, es arriesgarse ya que la verdad no está garantizada. Para ello, debemos arriesgarnos al posibilidad del error lo que posibilita acertar.

5. Tranformación de la razón

La razón debe hacerse negativa es decir, crítica, dialéctica, finita, y autocrítica. Debe dejar su autosuficiencia. Y, pasar a nutrirse de la mimesis y la memoria. La razón debe responsabilizarse de la naturaleza, ya que la ha convertido en su víctima. La razón no debe hacerse finita frente a la omnipotencia divina, sino ante la omnipotencia de reducir a la naturaleza. Con ello debe reconocer que la naturaleza es diferente, debe  respetarla y cuidarla. Hacer memoria de dónde procede, de ella misma: esto es hacer memoria.

Esta herencia de la finitud, la hereda Adorno de Kant. En su Crítica de la razón pura reconoce el deseo de infinitud de la razón,  le pide finitud y prudencia a una razón que desconfía de fuentes irracionales de conocimiento combatidas por la Ilustración como de sus insaciables ambiciones.

6. Dualismo Kantiano

Esta rigidez parte del dualismo sujeto y objeto, razón y naturaleza, forma y contenido. La finitud da origen a instancias opuestas y cerradas al exterior. La razón se opone a la moral y se fortifica frente a deseos, impulsos, sentimientos, que no pueden participar en las decisiones morales y sólo obedece r a la razón.

El dualismo razón – naturaleza condena al ser humano a una incomunicación. Adorno libera a la razón de la autonomía para que se deje influir por la naturaleza y la memoria.

7. Filosofía en Movimiento

Adorno resuelve los dualismos rígidos y estáticos con la filosofía en movimiento de Hegel. Hegel incorpora la noción de relación dinámica en el tiempo. Los dualismos sólo existen en mediación el uno con el otro, teniendo una relación dinámica que se desarrolla en el tiempo, la filosofía se hace dinámica para hacerse dialéctica. La finitud se alía con la dialéctica, y se libera del sistema y la totalidad.

8. La dialéctica

La dialéctica revela la existencia de lo otro, de lo diferente, de lo plural frente a la identidad. En la dialéctica  – la razón se piensa contra sí misma, avanza a través de las contradicciones de lo real y entre lo real y la razón. Libera a la razón de la claridad de lo cartesiano y toma el principio de no contradicción, la claridad y la coherencia como ideales del conocimiento , ideales racionales que sólo se comprobarían a través de la heterogeneidad de la experiencia.

9.Negatividad en Hegel / Negatividad en Adorno

La negatividad de Hegel se instala como motor del pensamiento, convierte la contradicción en impulso y la reduce para un fin que es su contrario, tesis y antítesis se resuelven en la síntesis que acaba superando a la negación misma.  Adorno convierte la dialéctica en negatividad, elabora una dialéctica que avanza a través de contradicciones nunca se resuelven ni se superan en una armonía forzada, donde lo diferente permanece como diferente sin ser subsumido por la identidad.  Adorno entiende la negación como crítica, se resiste a cualquier forma de dominio, denuncia toda violencia e imposición de unidad sobre lo plural. Según Adorno, Hegel no podía ejercer la crítica porque razón y realidad –se agotaban la una en la otra- y le daba un sentido racional a la realidad. En la filosofía de la identidad, no se deja lugar para la crítica y la autocrítica ni para lo nuevo o lo posible.

10. Adorno y Schopenhauer

Schopenhauer reconoce que la realidad no puede identificarse con la razón ya que es: irracional.  La realidad es la extensión de una voluntad infinita, es la voluntad de vivir, un impulso irracional  que lucha por la supervivencia, nos llena de competitividad y enfrentamiento, convirtiendo al mundo en un espacio de violencia y sufrimiento. Frente a esa realidad ontológicamente injusta, la razón no debe perseguir la identidad sino ejercer la crítica. Schopenhauer cae en un pesimismo radical sin esperanzas; ni el individuo o la historia modificarán la realidad. La dialéctica negativa de Adorno se muestra optimista ante lo nuevo y diferente.

11. La crítica

La crítica[3] interviene en la realidad desde la justicia y en búsqueda de aliviar el sufrimiento, nos aleja de un idealismo que se asimila al positivismo. Es importante aquí identificar el peligro que esta actitud se base en la falsa seguridad de haber encontrado la verdad de la falsedad del presente. No debe sentirse superior. La crítica transcendente es dogmática y reaccionaria, no dispone de conocimiento de verdad para denunciar. No existen posiciones superiores, ni privilegiadas. El crítico sólo se sitúa dentro de un movimiento dialéctico entre crítica inmanente y trascendente, dentro y fuera de una situación que denuncia. Se convierte en lo no idéntico, la crítica se convierte en autocritica para alejarse del dogmatismo.

12. La epistemología adorniana

Adorno formula una teoría de conocimiento fuera de la imposición de la identidad, sobretodo en la búsqueda de la diferencia. La razón negativa conlleva a un deseo de verdad, busca fuera de sí lo que ella no es, devela la pluralidad de lo real fuera de la totalidad. Cuando la razón se deja guiar por intereses subjetivos imposibilitan la objetividad del conocimiento, se aleja el sujeto de conocer el objeto: la proyección de sí mismo sobre el objeto le impide alcanzarlo, así el sujeto nunca llega a conocer al objeto tal como es. Sin embargo, el sujeto y objeto no son en sí mismos entidades independientes, sino que son en su relación y se determinan recíprocamente, por lo que le sucede al objeto le sucede al sujeto.

Según Adorno[4], no es viable eliminar la tensión dialéctica que los vincula, no se puede lograr una armoniosa unión entre ambos, o la mezcla de uno en otro, lo que pretende buscar es una relación en ellos que no elimine la diferencia bajo la unidad. Y ésta es el respeto a la diferencia del otro; donde se asuma la primacía del objeto. El sujeto debe admitir que el conocimiento lo primero es el objeto, no el sujeto. No intenta desaparecer su dominio ni imposición, sino sugiere entregarse a él para conocerlo. El sujeto debe asumir que el conocimiento empieza desde fuera de sí mismo y es un proceso que debe darse con calma, observando detalles pacientemente, donde el sujeto se ha de dejar fecundar por el objeto.

Esto significa el fin de los privilegios del sujeto, en la dialéctica materialista, el conocimiento comienza con el respeto hacia la materialidad de los objetos. Sin espiritualidad ni racionalidad. Se renuncia a los principios que racionalicen la materia, rechaza las teorías que la violenten. El sujeto debe conectarse con sus orígenes, asumir que lo espiritual procede de lo material y la razón es producto de la naturaleza. (Schopenhauer).

Esto se logra cuando el sujeto activo se abre la objeto y se autocritica. Solo el sujeto define al objeto, los distingue entre ellos, analiza, por ello el conocimiento necesita el trabajo del sujeto. Necesita tanto de sus facultades intelectuales como de sus deseos, afectos e impulsos, siendo necesarios para el objeto. Sólo así, dice Adorno, el conocimiento brotará de la experiencia, del encuentro entre sujeto y objeto en un espacio y tiempo objetivo.

La experiencia del sujeto está colmada de libertad y crítica –indispensables para el conocimiento. Sólo el individuo puede hallar la verdad. Siendo esta parcial o contingente, ya que no hay una verdad superior que aminore su libertad y crítica. Si se transforma esta relación, también repercute en la relación lenguaje y materia. Tenemos que lo efímero, lo cambiante, lo transitorio es insignificante y prescindible, por ello, se remiten al olvido y se van concentrando en grandes edificios conceptuales cada vez más autónomos y autárquicos.

13. El lenguaje debe trascender

El trabajo conceptual amerita reconocer estas construcciones que son la cosificación de un olvido.   Su herramienta es el lenguaje no lingüístico, transformando  conceptos para que no sean idénticos a sí mismos, inmutables o definitivos, si no dinámicos y dialécticos. Deberán disponerse en constelaciones: sucesión de intentos para resolver un problema abierto. Al no limitarse, los conceptos contienen un <excedente> esperanzador.  Ejemplo: buscar un concepto que definiera el aquí y el ahora… sería un misérrimo. Los conceptos trascienden lo que existe, el lenguaje tiene un elemento promesa, es la utopía de la materia.[5] El lenguaje es aquel que nace de la experiencia que el sujeto tiene de los objeto y no se impone desde la razón de las cosas. Debe ser expresión de la experiencia entre sujeto y objeto, debe expresar la experiencia subjetiva de lo real, objetivándola en los conceptos.

 

[1] Theodor W. Adorno, Dialéctica Negativa, Taurus, Madrid, 1984

[2]  op.cit.

[3] Theodor W. Adorno, Dialéctica de la Ilustración, Trotta, Madrid, 1994

[4] Theodor W. Adorno, Dialéctica Negativa, Taurus, Madrid, 1984

[5] Theodor W. Adorno, Terminología filosófica I y II, Taurus, Madrid, 1976-77, Lección 6-7.

Theodor W. Adorno.  La dialéctica Moderna, Piper  Múnchen , 1990.

 

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