Dra. Rosabel Maza

10. El inicio de la subjetividad

Por: Rosabel Maza

Nuestro ensayo desarrollará la importancia que se debe dar al enfoque pre y neo natal en cuanto a desarrollar la historia del niño desde su gestación – considerando que serán elementos que repercutirán favorablemente o desfavorablemente y determinarán circunstancias favorecedoras (Currea, 2004) o limitantes de su potencial personal en sus diferentes desarrollos posteriores.

El prenatal es aquel que en el vientre materno desarrolla características anatómicas heredadas por sus padres, a la vez que sus rasgos se pronuncian mes a mes. Así mismo, los periodos prenatal, perinatal y postnatal son capaces de asimilar  estresores biológicos que repercuten y que predisponen al niño a posibles trastornos de personalidad, tales como autismo y diferentes trastornos de personalidad como la ansiedad. Esta vulnerabilidad, Zuckerman (citado en Boné, 2010) la llama diátesis,  sinónimo de vulnerabilidad, donde identifica estresores en estas etapas. Por lo visto, tanto biológica como genéticamente hay una predisposición a generar un vínculo intersubjetivo y subjetivo, que pueden  proyectar en el desarrollo futuro, características generadas por dicho vínculo. De esta manera, Zuckerman (citado en Boné, 2010) logra relacionar posteriores trastornos psiquiátricos a vínculos intersubjetivos o subjetivos defectuosos, o que se originaron durante el desarrollo prenatal, que finalmente detonaron la enfermedad mental a posteriori.

Para Freud (citado en Cyrulnik, 2002), la vida intrauterina y la primera infancia tienen un vínculo de continuidad mayor que el nacimiento biológico. Durante el desarrollo intrauterino, los canales de comunicación sensoriales se han consolidado, y los diferentes sentidos están emergiendo a lo largo del proceso, conectándose con la madre y configurando un vínculo subjetivo con ella, tanto como  un desarrollo de su estilo conductual.  Asimismo, Cyrulnik (2002) investigó los comportamientos  intrauterinos de los bebés durante exposiciones ecográficas. Este hallazgo nos permite confirmar el estilo conductual del feto en este periodo intrauterino y que tendrá cierta continuidad al  nacer.  La vida psíquica del prenatal se analiza en estos controles ecográficos, pidiéndole a la madre recitar una corta poesía o pronunciar unas palabras. Las respuestas ecográficas muestran diferentes conductas del prenatal, tales como, aceleración del pulso, flexión y extensión del tronco, movimiento de extremidades inferiores o superiores, succiones, entre otros. Es evidente que cada bebé reacciona a su manera, con su propio estilo conductual a los estímulos de la voz de la madre. Estas respuestas intrauterinas se adaptarán al mundo extrauterino al nacer. Antes del nacimiento, el prenatal pasa por otra etapa, ya no está en el vientre de la madre, sino, está con ella, estableciendo ciertas respuestas conductuales a las interacciones; por ejemplo, cambios de postura o aceleraciones del ritmo cardíaco (Cyrulnik, 2002). El bebé, también, sentirá sus primeras experiencias de satisfacción, dentro del vientre materno, gracias a la relación simbiótica que tiene con la madre (Sanchez Medina, 2006)

El autor Sanchez Medina (2006) asevera que una de las primeras experiencias del ser humano, se encuentra en la vida intrauterina. Es aquí, donde el feto, empieza a diferenciarse de lo exterior. Este autor nos plantea, que el feto, pasa por diferentes etapas. En la primera, el bebé en el vientre materno tiene una relación exclusiva con él mismo, en la segunda, desarrolla una diada, madre-hijo, y finalmente, al nacer, una triada, madre-hijo-padre. El bebé durante estas tres etapas, desarrollará diferentes capacidades que le permitirán adaptarse a las demandas de las nuevas experiencias a la que está expuesto, como por ejemplo, el desarrollo de la subjetividad e intersubjetividad.

Conjuntamente, Wallon (citado en Sassano, 2003) afirma que el carácter social del niño aparece desde la prenatalidad, ya que la madre lo debe abastecer de oxigeno, alimento y hormonas necesarias para su desarrollo somático.  Así, el desarrollo de la subjetividad, irá estrechamente ligado, al vínculo que el prenatal establece con su madre durante la gestación. A partir de este fundamento, se dan variadas propuestas para estimular el vínculo madre-bebé, estas propuestas, básicamente, se tratan de estimular al bebé tanto visual, como auditivamente, dándole un patrón básico de relación social (Domenech &  Ballabriga, 1998). Conjuntamente, que la madre le hable, es decir que lo mentalice, favorecerá el desarrollo subjetivo del bebé. La madre piensa al feto que lleva en su vientre, ¿Cómo será? ¿Será mujer o hombre?, entre otras preguntas. Esta mentalización que hace la madre hacia el feto, le proporcionará más experiencias y capacidades al mismo, para poder desarrollar su identidad, y posteriormente, un vínculo intrauterino con la madre.

El contenido psíquico del prenatal dependerá del entorno en el que se encuentre la madre; por ejemplo, si es que una madre está esperando un hijo de un hombre al que odia, el bebé no es deseado, problemas económicos, sociales, entre otros, su entorno no será favorecedor. Esto ocasionará que las diferentes moléculas del estrés pasen el filtro de la placenta y lleguen al feto, lo que provocará que este se sumerja en un medio sensorial de formas variables. Cuando el bebé nota la desesperación de la madre, puede adoptar diferentes conductas o volverse frenético. Ahora, esto nos revela que la historia de la madre es un componente importante para la constitución del temperamento del hijo (Cyrulnik, 2002). El estado emocional de la madre durante la gestación, será un factor fundamental para el desarrollo del feto a largo plazo, como por ejemplo en la sociabilidad, agresividad o alteraciones en la capacidad para amar (Odent, 2012)

El desarrollo desfavorable durante la vida fetal y el período perinatal provocaría, según Michael Odent (2012), altos indicies de criminalidad juvenil, suicidio adolescente, drogadicción e incapacidad para amarse a uno mismo y a los otros. Esto reflejaría que la capacidad para amar, tanto a uno mismo como a los demás, está establecida por tempranas experiencias durante la vida intrauterina.

La memoria desarrollada prenatalmente, es una memoria sensorial (Baddeley citado en Cyrulnik, 2002), una especie de memoria corporal que retiene la información del exterior y da formas a nuestra manera de reaccionar. Así mismo, los estados mentales de la madre, pueden modificar las diferentes adquisiciones conductuales del bebé en su vientre.  “No hemos nacido aún, aunque tenemos certeza que ya nos estamos tejiendo.” (Cyrulnik, 2002)

El nacimiento psicológico se anticipa al nacimiento biológico, ya que dentro del vientre materno, se empiezan a formar, no solo partes del cerebro que serán importantes para el desarrollo del niño en diferentes entornos, sino que, también se formarán diferentes vínculos con la madre, que serán fundamentales para el desarrollo óptimo, tanto físico como psicológico del bebé (Rochat, 2004).  El bebé en el vientre materno, se diferenciara, integrará y formará, para que luego, después del parto las interacciones sociales y los vínculos con la madre finalicen esta etapa (Sanchez Medina, 2006).

La subjetividad desarrollada en el periodo prenatal es innata, ya que los bebes traen consigo la capacidad para ser comunicadores y que, al crecer, son capaces de expresar ciertos afectos y sensibilidades, comenta Trevarthen (citado en Wertsch y Alvarez,  1997). De la misma manera, durante la gestación, el bebé será capaz de empezar a crear su identidad, gracias a la relación que tiene con su madre, esto se alargará, hasta los primeros meses de vida (Sanchez Medina, 2006). Asi pues, el bebé, al ir creando su identidad, creará también diferentes capacidades, que favorecerán su desarrollo subjetivo, y más adelante, el desarrollo del “self”. Esto nos lleva a pensar que el feto llega a tener todas sus capacidades mentales óptimamente desarrolladas dentro del vientre materno, sin embargo, necesita de otros factores para poder aprender a manejarlas.

Un desarrollo óptimo del cerebro en el prenatal, conllevará a que este, en un entorno social, sea capaz de desplegar diferentes capacidades, tales como la adquisición del lenguaje, el apego, entre otras (Corral & Pardo de León, 2005). Esto nos da paso a pensar que el prenatal, se desenvuelve de manera diferente, dependiendo del entorno en que se encuentre, empero, el entorno dentro del vientre materno, será determinante para la adaptación del bebé en el entorno social. El feto al emplear diferentes sistemas conductuales durante el desarrollo intrauterino, favorecerá su supervivencia en un ambiente extrauterino, lo que asegurará la respuesta social y relacional del bebe, en sus primeros años de vida. (Humphrey citado en Dallal, 1997)

Finalmente, el desarrollo psíquico del bebé durante su estadía en el vientre materno, será fundamental para el desarrollo de sus capacidades en un entorno social, tales como las relacionales, el desarrollo del cerebro en sí mismo y el temperamento. El bebé es un sujeto relacional, esto está determinado de manera innata,  ya que desde feto intenta relacionarse con algo, tanto con él mismo, con la madre. Así, se podría afirmar que el desarrollo y la evolución subjetiva en el prenatal es uno de los rasgos más básicos del desarrollo, ya que lleva a que el bebe en el ambiente intrauterino, pueda relacionarse con una persona externa a él, la madre. Al no tener lenguaje, el prenatal expresará, tanto su alegría como su angustia, mediante los estilos conductuales, que luego, al nacer, se identificará  como la teoría del apego.

Por último, el desarrollo tanto de la subjetividad, como de la intersubjetividad se da desde las primeras experiencias de vida intrauterina, es decir, en el vientre materno. El feto empieza a desarrollar diferentes capacidades, que permitirán comprenderse a ellos mismos, y posteriormente, comprender lo que es el exterior, la madre. El vínculo que establezca la madre con la criatura que se encuentra en su vientre, será determinante para el desarrollo de diferentes funciones relacionales que poseerá el feto después de su nacimiento. El desarrollo de la subjetividad, entonces, comenzará desde la gestación, sin embargo, no podemos negar que este desarrollo se alargará hasta los primeros años de vida, donde el entorno y las experiencias, también jugaran un papel importante. Definitivamente, el enfoque prenatal nos ayuda a comprobar, gracias a diferentes experimentos como las ecografías, que este sujeto, a pesar de estar en un ambiente diferente con otras exigencias como lo es el vientre materno,  ya es capaz de hacer diferentes gestos, conductas, entre otras cosas que acreditarán que el feto, siente, entiende y es capaz de crear vínculos, desde las primeras experiencias intrauterinas.

Hecho por: Rafaela Maldonado & Rosabel Maza

Rosabel M. Maza / Lima, Perú
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