Dra. Rosabel Maza

44. El diálogo como herramienta de convencimiento

Por: Rosabel Maza

Sólo a través del diálogo es posible convencer al otro respecto a que mi creencia sobre los derechos humanos es mejor.


Richard Rorty

El planteamiento de Rorty en relación a la justificación de los derechos humanos es instalar una justificación pragmática de ellos para extender el respeto al otro dentro de lo etnocéntrico, extender la identidad a una mirada más integradora, que encontrar una justificación metafísica de los mismos.

Rorty enfrenta desde su pragmatismo romper con el dualismo cartesiano y el dualismo platónico para encontrar la esencia de las cosas y la verdad en relación a ellas.  El propone la educación de la sensibilidad hacia el otro, la solidaridad, insiste que las justificaciones metafísicas, apelaciones morales o invocación a una comunidad universal de la especie humana, no han tenido efecto para que los seres humanos se respeten y eviten la agresión entre ellos. Para él,  es necesario empezar a extender la solidaridad entre un mayor número de individuos, en esta creencia, el une el dualismo entre cognición y sentimiento.

Rorty no parte de lo intrínseco de la dignidad del ser humano como tal, ni de la libertad moral del individuo entendida como su capacidad para utilizar su propia razón, sino, más bien, de construir la identidad dentro de diferencias culturales, étnicas, sociales, de género.

Es cierto que la identidad se construye como parte de la diferenciación y en oposición a lo que no es como uno y a lo que no deseamos ser, pero no es justificación para la discriminación, ni la violencia sobre otro,  justificando que no se le considera como  igualmente humano. La creencia para Rorty, puede ser extendida y compartida, y es necesario sea contagiada a través de la sensibilización de la solidaridad.

Este es un cambio de enfoque.  La pregunta muta de lo ontológico y existencial [1]–desde saber cuál es nuestra naturaleza- hasta saber qué podemos hacer de nosotros mismos- es decir, seremos lo que nosotros mismos hagamos de nosotros mismos: es un desplazamiento hacia le ética pragmática en la que podemos hacernos cargo de nuestra propia evolución.

Rorty rechaza así la capacidad de determinar una naturaleza definida del hombre.  El rechazo a la agresión, discriminación y mutilación del ser humano hacia el ser humano no puede corresponder a una naturaleza a-histórica. Para él, una creencia, no nos conecta con una verdad a-histórica, sino con una verdad humana en el mundo de las experiencias. Nos encontramos con el otro desde nuestras creencias, y desde ahí,  evaluamos mis creencias con las del otro, las convertimos, enfrentamos, sopesamos, fusionamos  y terminamos manteniendo aquello que escojamos. De esta manera,  ya reconocemos al otro como diferente a mí. Ello me permite re-conocer al otro en su diferencia.

La cultura de los derechos humanos se apropia de las experiencias interculturales, es por ello etnocentrista y pragmática , es decir, que no tiene presencia dentro del imaginario colectivo de la mayoría de las sociedades de la humanidad.  El autor considera que no hay ningún apoyo teórico que no sea circular a la creencia de que la crueldad [2]es horrible.

La defensa que hace es de carácter histórica, hay que respetar los derechos humanos porque esta sociedad en este momento: lo considera importante. Es decir, el por qué no es lo determinante, la educación de la sensibilidad de parte de una solidaridad de lo vivido por el otro, que resalte congruencias y muestre también lo diferente, es aquello que puede lograr su perdurabilidad.

El conocer la crueldad de la humanidad y la indiferencia ante los otros, nos permite conocer hasta qué punto algunos seres humanos han sido crueles sin notarlo, sin haber reflexionado sobre su propia naturaleza.  Rorty considera que al hacernos cargo de nuestra propia evolución, nuestra adaptabilidad irá también desarrollándose al estar dentro de un mundo cultural y asumirnos que las creencias de los demás pueden ser mejores o superiores, aunque esta identificación con la cultura de los derechos humanos sea dolorosa. Esto significaría apartarnos del sufrimiento humano y consolidarnos a través de una cultura de lo experiencial, en la que los derechos humanos tienen una razón de ser, no es necesaria la fundamentación, se justifica a través de las experiencias que la humanidad ha atravesado y tiene que asumir, corregir y replantear.

La cultura de los derechos humanos se apoya de las experiencias interculturales y por eso es etnocentrista y pragmática. No necesariamente implica evitar la confrontación con el contrario, todo lo contrario, en la vía de la educación sentimental se puede convencer al otro respecto a que mi creencia sobre los derechos humano es mejor. Sólo a través del diálogo es posible, diálogo que conllevará a procesos que nos conectará con una verdad humana en el mundo de las experiencias.  De esta manera se ampliará el círculo de congéneres que consideren a otros igualmente dignos de respeto como yo, y se reducirán las prácticas de violencia y discriminación de los derechos humanos.

El mismo analiza la posibilidad de ser posible la cultura de los derechos humanos, a través de su ensayo ¿esperanza o conocimiento? Analiza a la realidad como una unidad junto con la apariencia, siendo ésta la manera como nos presentamos cada quien, a la realidad.  Aplicándolo a la moralidad, ésta junto con la prudencia logran formular normas que puedan generalizarse, necesitando al lenguaje como indesligable y condicionado al entorno. Así las relaciones con los demás condicionan al individuo, logrará evolucionar moralmente y desarrollar la prudencia, de tal manera que la sensibilidad en tanto capacidad para responder a las necesidades de una variedad más y más extensa de personas y de cosas[3] será aquél elemento preponderante para justificar los derechos humanos dentro del pragmatismo de Rorty.

Este acercamiento que incorpora lo afectivo, desde el paradigma psicoanalítico dentro del cual me muevo, justifica también lo convencida que estoy del desarrollo del vínculo para lograr mirar al otro. Las representaciones mentales y la mirada hacia otro,  la alteridad, son una evolución del ser humano. Desde que nacemos, entendemos el mundo desde nuestra propia representación de la realidad y no en el estado mental del otro.  La capacidad de ponerse en el lugar del otro, se perfecciona a través de nuestro propio desarrollo. Dennet [4](1987) explica, que los seres humanos  tratan de entenderse los unos a los otros en términos de estados mentales: pensamientos y sentimientos, creencias y deseos, con la finalidad de otorgar sentido y, aún de mayor importancia, de anticipar las acciones de los demás.  Así, evolutivamente, conforme se tiene más experiencia, se va internalizando al mundo en sus representaciones.  Nuevamente, lo interdisciplinario apoya y sustenta la aproximación de Rorty. Algo que a lo largo de mi propia experiencia se ha ido confirmando.


[1] Rorty, Richard. Contingencia, Ironía y solidaridad. Barcelona. Paidós. 1991

[2] Rorty, Richard. Consecuencias del pragmatismo. Madrid. Técnos 1996

[3] Rorty, Richard. ¿Esperanza o conocimiento? Una introducción al pragmatismo. BsAs, FCE 1997.

[4] Dennett, D. (1987). The intentional stance. Cambridge, Mass: MIT Press.

Rosabel M. Maza / Lima, Perú
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