Dra. Rosabel Maza

36. Análisis de la moral de Nietzsche a través “Copenhague”, obra teatral.

Por: Rosabel Maza

La genealogía de la moral de Friedrich Nietzsche

vista a través de la obra  Copenhague de Michael Frayn (Plaza ISIL, 8 Mayo 2009)

Contra mi propia naturaleza, dilaté el presente ensayo. Encontré mucha resistencia y postergué su elaboración,  movilizada por su contenido y por la terrible incertidumbre de lo que generaría su síntesis o la exagerada activación que forjó su lectura. Encontré el móvil para escribirla mientras disfrutaba de la obra de teatro Copenhague, hoy, a un día de la presentación. El móvil fue la intrincada relación que hilaba inconscientemente el mensaje de ambas obras. Sigo describiendo ambos mensajes para que el lector entienda esta versátil liasson:

La obra Copenhague termina con estas palabras de esperanza, pronunciadas por el espectro de un físico aleman, Heisenberg: “ Ese núcleo final de incertidumbre que subyace en el corazón de todas las cosas”.

 

La obra de Frayn intenta esclarecer lo que sucedió durante un encuentro de los dos físicos  Bohr y Heisenberg en Copenhague en septiembre de 1941. A lo largo de ella se plantean versiones que intentan dar interpretación al encuentro. Una versión plantea que Heisenberg colaboraba con el régimen nazi y que su visita a Copenhague  era un intento que buscar información de Bohr sobre los avances en la fabricación de la bomba atómica entre las filas aliadas. Otra versión que se maneja es que  Heisenberg pretendía hacer fracasar el programa nuclear alemán, intentando retrasar lo más posible la fabricación de una bomba atómica por parte de los nazis.

La conversación entre los personajes puede superficialmente trasladarse a conocimientos de la Física Teórica, Química y en algunos momentos sobre política, pero subyace a estos temas, temas éticos que merece la pena ponerlos a la luz. No se puede negar que cuando está presente la inminencia de una guerra, hay móviles inconscientes que nos hacen irrumpir en la necesidad de pensar sobre el “Bien y el mal”, sobre la incertidumbre que se da al poder considerar a la “partícula” como “una honda” en sí misma, al mismo tiempo; sobre el Principio de Complementariedad que justifica la imposibilidad de “poder verse pensando”  y “ poder verse actuando” al mismo tiempo, ya que uno anula la posibilidad de la ambivalencia de estar en dos acciones al mismo tiempo.

Aquí, se instala la polémica de Nietzsche, donde él potencia su ética en una búsqueda de desenamorarse de los ideales morales que la humanidad ha venido manejando y mimando. Una moral platónica-cristiana que planteaba una realidad objetiva incuestionable. Esto no permite una mirada desestructurante ante la posibilidad de equivocarse, o de simplemente no evaluar la posibilidad del error, de la incertidumbre o mirado desde la física, la posibilidad de la complementariedad. Esta moral reinante, devela una mirada cristiana que permite que surja el resentimiento, más no  evalúa la posibilidad de investigar sobre los orígenes propios de los valores y de una búsqueda creativa de sentido de la humanidad.

Acaso Frayn y Nietzsche exteriorizaron la búsqueda de un “superhombre”  que fuera capaz de hallar aquel hombre que reconociera lo incierto y que a partir de ello, fuera capaz de autogenerarse creativamente ante cada situación?

No obstante, procede Nietzsche a elaborar un proceso por el cual su habilidad polémica potencia su ética. Considera a la  moral cristiana como nociva para la vida. Como aquella que instala valores en un instinto de buscar “compasión, autonegación y  autosacrificio”, como una negación a sí misma en una búsqueda de instalar una moral que plantea más que amores, fobias.

¿Más quién pone el valor mismo de los valores? ¿Quién es capaz de determinar lo “bueno y lo malo”? ¿y… qué ocurriría si fuera lo contrario?, estas interrogantes, no sólo son el punto de partida de la Genealogía de Nietzsche, sino también del cuestionamiento de estos físicos, que buscan a través de esta historia, hallar el significado intrínseco de la participación de ambos como físicos investigadores donde la ciencia se puede poner al servicio de la guerra y de la exterminación del hombre mismo? Es acaso la superposición de móviles inconsciente que permiten la aparición de “errores inconscientes” en cierto procedimiento matemático que confirma la no participación en el exterminio del científico alemán, sin embargo, la participación consciente y la malversación de las intenciones del científico danés en miles de muertes.

¿Es esto una casualidad? O es la confirmación de una impugnación de una moral que no busca una convivencia pacífica, sino que cuestiona nuestra decisión de creer en una “moral de rebaño” como menciona Nietzsche en su primer apartado y pretende así, iniciar un debate interno e instalarse en los orígenes y genealogía de lo bueno y lo malo.

Parece asombroso cómo a través de los estudios en filología de Nietzsche, se confirma cierta verificación psicoanalítica a lo “psicopatología de la vida cotidiana de Freud”, en la que la palabra “malo: schlecht” y la palabra “simple: Schlicht”, tienen tan poca diferenciación fonética. ¿Es que se está tratando de desviar el significado del juicio de valor manejado por “caballeros, aristócratas”a quienes Nietzsche responsabiliza por la inversión de valores?. Si no tenemos conciencia sobre los alcances a los que lleva el tener diferentes escalas de valores, no tenemos conciencia de los efectos heterogéneos a los cuales nos lleva esta diferencia.

De pronto, el plantear en una obra de teatro, la posibilidad de conversar sobre física nuclear en la que <imposibilidad de generar una reacción en cadena explosiva con uranio natural  o uranio 235 puro, por la restricción equivocada de requerir una excesiva dosis y un tiempo irreal para conseguirlo>, es plantear cómo la ciencia puede no-calcular las dimensiones de su participación en la humanidad. Esto es un punto discutido ampliamente por Nietzsche en su obra.

Es acaso en su segundo tratado, aquel que revisa cómo el punto de partida de la “promesa” a la humanidad como responsables de un poder al que le llama conciencia, es la que genera la dimensión de la “culpa”? ¿Cuál es el sentido del castigo y la pena? No es sino, según Nietzsche, el neutralizar un peligro, es mantener el orden y la paz. ¿No es sino la búsqueda instrumental de represión que ha hallado el hombre para vivir en sociedad? ¿ No es acaso una mediocre forma de exteriorizar la represión de su propia agresividad natural que se volvió para sí mismos porque no es capaz de ser deshogada porque  sino exterminaría a la humanidad?

Esta herencia traumática en la que el hombre tiene que hacerse cargo de su propia auto-destructividad, de su propia esencia agresiva es también un móvil de la obra Copenhague. Es la disquisición entre el aniquilamiento de un desarrollo de la humanidad vs el aniquilamiento de la gloria de un científico que se expone a la responsabilidad de tomar la decisión de apoyar o no a  lo connatural del ser humano: su agresividad, vista desde una nación como la del liderazgo Nazi. (curiosa discusión para Nietzsche).

Entonces, confirmamos un vuelco en la moral, del mismo modo que Nietzsche propone: “destruir lo anterior para construir un santuario”. ¿Acaso los juicios de valor han frenado o han estimulado el desarrollo? ¿son signos de indigencia, de empobrecimiento, o de la degeneración de la vida?

En el último tratado de su obra la Genealogía de la Moral, Nietzsche intenta buscar el significado de los ideales ascéticos. Para ello, primero desacredita la posibilidad de encontrar un ideal de tal magnitud. En realidad, él busca un óptimo que desahogue la fuerza que provoca el tormento del desborde de la lujuria, y de lo excesivo de la sexualidad. Destruye así, la incorruptibilidad de los filósofos quienes dejan de lado sus pulsiones investigadoras, dubitativas, negadoras, analíticas, comparativas, imparciales, para asumir una moral que es nada menos que un disfraz religioso, ascético y de una vida contemplativa que estaba llena de desconfianza. El destruye la mirada a los científicos que según él, muestran desconfianza de sí mismos, porque perdieron la fe y porque no sostienen un ideal por encima ellos. Nietzsche destruye la imagen de los escépticos, de los hécticos, de los anticristos que buscan la verdad y que encarnan una supuesta conciencia intelectual y “creen” que están desligados del ideal ascético.

¿Cuál es su falla? Es que no son espíritus libres, ya que siguen creyendo en la verdad, siguen teniendo fe en un ideal ascético, como un imperativo inconsciente en que la fe es un valor metafísico, es el valor de sí de la verdad. Me identifico terriblemente con esta imagen y me avergüenzo de ella. Tiendo, con ese “paraguas metafísico” a la búsqueda de la verdad como algo que sostiene mi pensamiento. Entiendo, después de esta discusión, mucho de lo que conmina a Nietzsche a trabajar. ¿Es el amor a qué , que hace que me apoye en una verdad o ciencia que descansa en el empobrecimiento de un ideal?

¿Cuál es el triunfo del ascetismo? El hombre, más allá del bien o del mal, desarrolla una forma de vida como meta. Y la filosofía es el camino hacia una auténtica humanidad. Nietzsche sostiene que la labor del hombre o “superhombre” es la de “creación”. Somos creadores si toleramos saber que somos dominados por la naturaleza pero seguimos en la lucha de la superación de la humanidad. ¿No es acaso un buceo en el ser del hombre como ser histórico? Por ello, la evolución de los conceptos morales conllevan al desenmascaramiento de todo lo existente y a la exposición del hombre frente a su propia voluntad.  Nietzsche busca afirmar la vida sin enmascararla, Frayn hizo una síntesis de un encuentro en la que el protagonista afirmó la vida por sobre la voluntad de una nación. ¿no es acaso, la comprensión de la vida que nos lleva a reflexionar sobre la moral y no a degenerarla y a negar la vida, sino a creer en ella y no  buscar ideales ascéticos que finalmente niegan el mundo en el que vivimos.
Nietzsche llama al poder creativo de la vida y a ser sanos creadores con una voluntad y poder que redima al hombre de una vida disfrazada. Todo esto aportara sentido a la humanidad y creo que este es el significado final de la obra Copenhague, hacernos pensar en plantearnos la incertidumbre y la duda, para que aparezca el pensamiento creativo en cada quien que la viva.

Rosabel M. Maza / Lima, Perú
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