Dra. Rosabel Maza

33. Apología de Sócrates – mi mirada

Por: Rosabel Maza

Apología de Sócrates -mi mirada

Intento dar una interpretación  o muchas, sobre la Apología de Sócrates escrita por su discípulo Platón, después de su muerte en 399ac. La Apología contiene doctrinas éticas, políticas y jurídicas  inmersas en un diálogo literario  sostenido entre Sócrates y sus juzgadores. El intenta sostener un complejo debate en el que incluye principios de legalidad y la superioridad del derecho natural, entre otros. Todo ello, inmerso en el pensamiento griego, como parte de un debate ideológico disonante e incoherente  que trasciende a lo largo de los tiempos, como un legado teleológico a todos, quienes, nos hemos acercado a situaciones críticas. El legado de Sócrates trae una herencia filosófica que hasta hoy impregna a las generaciones. Su injusto juicio y su muerte, marcarán la renuncia ante la mediocridad, un apostar hacia su convicción, hacia su verdad.

Es particular cómo la autoridad que lo enjuicia, se sumerge en un incoherente duelo. Imbatible a nivel del pensamiento lógico –desde Sócrates; como también, aparece un diálogo paralógico sin comprensión de quienes no tenían argumentos para refutarle. Su ruin deseo -la desaparición de quien cuestionaba todo lo que representaban- terminaba editado en un acto heroico, y no degradándolo. Los acusadores acusan un poder humano, mientras Sócrates, sobrehumano.  Su muerte es testimonio de lo congruente de su pensamiento, algo que es humanamente difícil sostener en momentos de transfiguración. Ya que su  muerte, era una metamorfosis corpórea pero no renunciaba a su propia elaboración y conceptualización. Todo esto, es parte de un arquetipo mítico, como menciona Jaspers. [1] Sobrecoge la tranquilidad con que Sócrates acepta su condena. No hay desesperación, más aún, destila una convicción que sobrecoge. Es capaz de pedir a sus juzgadores, con ironía, el mismo error con que él los afligió.  “cuando mis hijos crezcan, castíguenlos, señores, afligiéndolos con las mismas cosas con que yo lo he afligido a ustedes, si les parece que se preocupan por la fortuna o por cualquier otra cosa antes que por su perfección. Y si aparentan ser algo que no son, repróchenselo, como yo lo he hecho con ustedes…”. [2]

La Apología contiene la siguiente estructura: a) Proemio; b) Presentación de los primeros acusadores y defensa; c) Presentación de los segundos acusadores e interrogatorio a Meleto; d) Discurso sobre el deber moral de defender las convicciones; e) Discurso que justifica la no participación de Sócrates en la vida pública; f) Discurso de descargo sobre la supuesta corrupción de jóvenes; g) Exhortación antes de la primera votación; h) Contrapropuesta a la pena exigida por los acusadores; i) Discursos finales después de la segunda votación que lo condena a muerte.

a)      En el Proemio, Sócrates se despliega con la verdad sin retórica, es decir sin adornos de orador. Subraya que buscará la justicia al fin.

b)      Sócrates se dirige a sus acusadores tratando de identificar a quienes le han construido una mala reputación.  ¿Acaso investigar sobre las cosas subterráneas y celestes, hacer más fuerte el argumento más débil y enseñar es  válido para acusarlo? ¿Acaso ser sofista, es un delito? Interroga a políticos, poetas, artesanos, quienes no se acercan en sabiduría ya que no tienen la humildad de reconocer como él, que es digno de nada respecto a la sabiduría.

Esto es una provocación. Su ironía y cuestionamiento lo llevan a enemistarse e incluso a ser acusado de corromper a sus jóvenes seguidores.

c)       Lo acusan de no creer en los dioses en los que la ciudad cree, sino en otras divinidades nuevas. Es acusado de corromper a los jóvenes. Sócrates responde: ¿será posible hablar de las cosas humanas y al mismo tiempo creer que no existen los hombres?, ¿no será imposible hablar de cosas divinas y al mismo tiempo negar que existe la divinidad?. Esta impiedad, es una negación que él hace a los dioses de su ciudad sin embargo es capaz de introducir dioses extraños a la ciudad. Esta acusación es una imputación hacia él importante.

d)      Su deber moral mantiene y defiende sus convicciones. Sócrates no desconoce el puesto en el que es colocado al ser mejor, él no puede abandonar su misión. No desafía a la muerte, no le teme: “¿no acaso a quienes la temen suponen que la muerte es un grande mal? “  La muerte se teme cuando se tiene la certeza de ser el mayor de todos los malos, pero no es una certeza. “Acaso sea el mayor de todos los bienes”.  Sabiduría no es temer, sabiduría no es decir que se sabe algo sin que en realidad se sabe. Agrede a los acusadores: “se creen sabios sin serlo”. Pasa a reafirmar su convicciones: “¿cómo dejar de filosofar y de persuadir a los hombres de no ocuparse ni de sus cuerpos ni de sus bienes antes que la virtud?”, ratifica su labor, descalifica a sus acusadores mientras afirma a sus conciudadanos, los atenientes.  Es en este momento, donde se identifica como un “tábano”, que aguijonea, reprocha, persuade y despierta a los demás. Qué  difícil labor la de suscitar conciencia e impartir conocimiento e impartir la virtud, a pesar del riesgo de perder la vida.

e)      Justifica que actúa privada y no públicamente, en política, ya que lucha por la justicia y no actúa en beneficio de la conveniencia, sino en honor a la virtud. Incluso se sostiene Sócrates diciendo que lo que lo detiene de intervenir en la vida política de Atenas, es la prudencia impulsada por el dios, no el miedo a la muerte.

f)       Propone que jóvenes que él haya corrompido acudan a testimoniar en su contra, situación que no se da, dice, por el contrario, que todos estarían dispuestos a ayudarle a corroborara que son los acusadores quienes mienten y no él, quien dice la verdad. Aquí, la verdad es repudiada por los acusadores, razón por la que quieren acallar la voz de Sócrates. Reconoce que el abrirles los ojos es un peligro para aquellos que lideran.

g)      Sócrates se dignifica al no suplicar, al no pedir misericordia. No busca que se compadezcan de él, no hay arrogancia ni desprecio, sino honor y reputación, lo que un sofista reúne. Pide justicia, que se le juzgue de acuerdo a las leyes, no súplicas.

h)      Sócrates no se considera merecedor de castigo. En su perjuicio, osa por proponer ser alimentado en el Pritaneo, luego, ofrece una mina de plata, dinero que no tenía, por lo que se burla nuevamente. Podría considerarse su actitud como desafiante, sin embargo, es cruda, sin temor.

i) Sabe que es condenado “no por falta de palabras, sino de osadía y desvergüenza, y por no querer deciros lo que os habría sido más agradable oír”. No consideró hacer nada innoble por causa del peligro, no hay un arrepentimiento. Concluye “ ni ahora me arrepiento de haberme defendido así, sino que prefiero con mucho morir habiéndome defendido de ese modo, a vivir habiéndolo hecho de ese otro modo”.

 

Sócrates no evita la muerte, su coherencia es su bastión. Sabe que fue condenado por la verdad, y que la maldad, la perversidad y la injusticia fue quien lo juzgó. Señala “Si pensáis que matando a la gente vais a impedir que se os reproche que no vivís rectamente, no pensáis bien. Ese medio de evitarlo ni es muy eficaz, ni es honrado. El más honrado y el más sencillo no es reprimir a los demás sino  prepararse para ser lo mejor posible”. Los jueces investidos por el Estado son indignos para Sócrates, a quienes les da una lección. Estando condenado, sigue obrando.

Sócrates combate a los sofistas, se dirige a las bases de la sociedad ateniense. Su mirada hacia la existencia de los dioses griegos, la obediencia a la autoridad y los valores de la sociedad ateniense de entonces, quedó al descubierto, fue cuestionada por su virtud. Fue repudiado por su misión y fueron los ignorantes y arrogantes, quienes repudiaran su identificación con lo justo. La arbitrariedad que reinaba en Atenas, la incongruencia de la coyuntura cometió un acto de injusticia. Para Sócrates, por encima de la asamblea, se encontraba la justicia. Obedecer a Dios, implicaba la muerte.

Sócrates se diviniza con su última frase: “Pero ya es hora de marcharnos, yo a morir, y vosotros a vivir. Quién de nosotros se dirige a una situación mejor, es algo oculto para todos, excepto para el Dios”.  Este cierre, los diferencia. La vida, en esos momentos, no representaba lo probo, lo mejor. Lo oculto, es aquello que puede ser dilucidado por quien está por encima de todos. Dios.

Rosabel Maza


[1] Jaspers, Karl. The Great Philosophers. Harcourt, Brace & World, Inc. New York, 1962, p. 101

[2] Platón. Apología de Sócrates. La muerte como bien, pg.24.

Rosabel M. Maza / Lima, Perú
Consultorio: 01 441-2424 | e-mail: rosabelmaza@gmail.com