Dra. Rosabel Maza

13. La negatividad de Adorno conversando con lo negativo en psicoanálisis

Por: Dra. Rosabel Maza

La negatividad de Adorno:

Conversando con lo negativo en psicoanálisis

Intentaremos a través de este ensayo dialogar entre la negatividad de Theodor Adorno y lo negativo en psicoanálisis. Buscaremos similitudes,   diferencias   y    de    pronto  aristas  que  puedan ir aunándose en la discusión dialéctica.

 

El todo es lo no verdadero.

 

En el libro La Dialéctica negativa de Adorno[1], la negatividad permanece como diferente, refuta a la negatividad de toda identidad, no llega a la síntesis de la identidad, sino la convierte en un <no-ser> disolvente que no admite la integración que Hegel planteaba luego de la contradicción en una identidad superior. En Adorno, la negatividad se encuentra en una tensión dinámica constante, una agitación constante polémica, que va de contradicción en contradicción, en un vaivén que no llega a ser armonía, ni se supera. La dialéctica permite la dicotomía de la razón frente a la realidad, negaciones que buscan un continuum en el pensamiento dialéctico de Adorno que no se detiene ni paraliza ante la realidad. Para él, subsumir la filosofía en totalidades o unidades que subjetivizan al sujeto es criterio para impugnarla. Por ello, instala el dialogo e interacción con el sujeto.

La Dialéctica negativa[2] busca cuestionar a la Ilustración y debatir sus constructos totalitaristas y mitologizantes. He ahí, que Adorno desarrolla una nueva estructura subjetivista-objetivista no dialéctica en el que se aleja de la identidad; estructura una interacción que se sumerge en lo particular y lo singular. Lo urgente es donde no se llega, lo que se excluye.[3] Adorno no niega a la razón, sino se opone al subjetivismo irracionalista, en donde se busca forzar la captación de la realidad y sumergirla en un constructo unitario.

Adorno ve la contradicción en la realidad, ella no es un orden minucioso, la realidad incluye lo no captable, diluye la ilusión de la unidad de lo causal-metódico cientificista. Agrega el movimiento ante ideologías unitarias, dando prioridad a lo particular. Siempre ha existido la violencia en las civilizaciones, y éstas han sido parte del sufrimiento del sujeto ante la opresión e imposición ideológica, agrega. Así, de un modo artístico, Adorno integra la realidad rehaciéndola cada vez que se cape la realidad diferente, el mismo sujeto pinta su realidad, siendo él mismo protagonista de su historia, ya que él sólo interactúa con lo real. A esto le llama interconexión dialéctica entre sujeto y objeto.

El principio de la filosofía de Adorno nace como respuesta al exterior, surge de la experiencia de la realidad, por lo que ubicamos su principio fuera de sí misma. La respuesta que da es un <no>, una crítica, una denuncia hacia los procesos racionales que tienen lugar en la filosofía como en la cultura y que estructuran la estructura social y el principio de identidad.  Así, la filosofía adorniana no se auto fundamenta en un principio positivo, sino que surge como negación de un principio que se encuentra fuera de sí.

En este sentido, la razón no busca conocer lo real. A lo largo de la historia de la humanidad no ha cumplido su promesa de conocimiento ni de dominio. La razón no busca la verdad ni el conocimiento de conocer lo real, sino que busca someter todo lo que existe, en un afán y pretensión de totalidad. Ese exceso de razón no es más que carencia de racionalidad cedida a la voluntad. La razón se ha entregado a la razón como su instrumento ha renunciando a la objetividad del conocimiento y se ha dejado guiar por intereses subjetivos.

Es así que la filosofía debería librarse del principio de identidad, según Adorno. La razón exige identificarse con ella, y para dominarla, usa la fuerza. Recorta y encorseta todo lo que existe, busca construir un mundo a su imagen. Es cierto que el conocimiento no puede prescindir de la identificación como fundamento, por ello Adorno se opone a la identificación como imposición de un principio fundamental, no se puede contemplar la realidad y descubrir su propia imagen en todas las cosas, eso es una tautología. Para Adorno, el asegurarse la verdad implica perderla, es caer en un solipsismo absurdo de atrapar el todo y atraparse a sí misma.

Aquí intentaré explicar lo negativo desde el psicoanálisis. La idea de lo negativo es compleja en ser captada a totalidad por el aparato psíquico. Ya que éste ve una parte de una totalidad, percibe sólo un ángulo, quedando lo sobrante en la sombra, latente pero inconsciente, podríamos decir: ausente. Lo negativo hace referencia a lo que falta, a lo que subyace y no puede verse. En este caso, alude a la naturaleza elusiva de lo inconsciente.

“La verdadera demostración del inconsciente reside, en el hecho real y observable que: estados psicológicos no conscientes tienen efectos conscientes e inversamente, que estados psicológicos conscientes pueden ser inexplicables si no se apela a causas psíquicas inconscientes” Filloux[4] p. 6.

Así, lo inconsciente reúne lo escindido, lo reprimido, lo negado, lo irrepresentable. Estas ausencias y faltas son la ruta de acceso al conocimiento psicoanalítico y a las patologías. El lenguaje que lo aborda hace referencia a lo opuesto y a lo complementario. Estas operaciones del lenguaje se hallan contenidas en lo negativo según Green[5]. Al negativo se le ha llegado comparar con el negativo fotográfico, algo que aparece gracias a elementos que contrastan que le permiten diferenciarse. El sujeto, en este sentido se va constituyendo desde la oposición a lo que no es. Este es un momento en el que la perspectiva de lo negativo adquiere una visibilidad desde el psicoanálisis en conformidad con la idea de identidad. Lo negativo integra al ser humano a través de su presencia ausente, pero que su conformación inherente en el aparato psíquico, tal como Freud [6](1925) lo señala, que es desde el exterior, ya que no se quiere para sí, pues es amenazante para sí. Lo negativo cumple un papel organizador decisivo pues es lo que se discrimina y elimina para el exterior. La represión y las defensas primarias como la forclusión, la negación, la escisión y la desmetida, son conceptos de elaboración psicoanalítica que revelan un potencial inversión de negatividad.[7]

Esto se contrapone a la filosofía de Adorno, quien busca salir de la experiencia y al hacerlo, nos acerca a un idealismo atrapado en la filosofía del siglo XIX, que según Adorno no se desliga de Kant ni de Heidegger. Para él, la filosofía que aspira a conocer lo real debe asumir que ésta no es puramente racional; lo real es lo que la razón no agota, lo imprevisible, lo que puede sorprenderla, es decir, arriesgarse ya que la verdad no está garantizada. Para ello, debemos arriesgarnos a la posibilidad del error lo que posibilita acertar.  Si esto desconocido podría llamarse lo escindido, lo no racional, regresamos a un solipsismo Adorniano, que se aleja de la razón para acercarse a lo que llamamos -lo inconsciente-, desde el psicoanálisis, lo que puede ser amenazante para la conciencia, sin embargo, el traerlo desde el exterior puede ser revelador y sorpresivo, pues es imprevisible.

Cuando Adorno busca la tranformación de la razón, la hace negativa, es decir crítica, dialéctica, finita, y autocrítica. Debe dejar su autosuficiencia. Y, pasar a nutrirse de la mimesis y la memoria. La razón debe responsabilizarse de la naturaleza, ya que la ha convertido en su víctima. La razón no debe hacerse finita frente a la omnipotencia divina, sino ante la omnipotencia de reducir a la naturaleza. Con ello debe reconocer que la naturaleza es diferente, debe  respetarla y cuidarla. Hacer memoria de dónde procede, de ella misma: esto es hacer memoria. Esta herencia de la finitud, la hereda Adorno de Kant. En su Crítica de la razón pura reconoce el deseo de infinitud de la razón,  le pide finitud y prudencia a una razón que desconfía de fuentes irracionales de conocimiento combatidas por la Ilustración como de sus insaciables ambiciones.

Esta rigidez parte del dualismo Kantiano, sujeto y objeto, razón y naturaleza, forma y contenido. La finitud da origen a instancias opuestas y cerradas al exterior. La razón se opone a la moral y se fortifica frente a deseos, impulsos, sentimientos, que no pueden participar en las decisiones morales y sólo obedecer a la razón.  De pronto, la dialéctica de Adorno podría ser superada con el concepto de lo negativo del psicoanálisis en lo que se refiere a la postulación de lo inconsciente y a las operaciones de defensa del yo. Freud (1925)[8] considera a lo negativo como una modalidad de juicio dentro del proceso secundario. La función de juicio ha de atribuir o negar a una cosa, una cualidad y conceder o negar a una imagen la existencia en la realidad. Lo negativo representa lo no representado, de pronto asemeja a aquella operación Adorniana en la que el asegurarse de la verdad es acercarse a esa totalidad que cae en el absurdo y se atrapa a sí misma, por lo que se pierde a sí. Adorno busca perderla para así liberarse del dualismo razón-naturaleza que condena al ser humano a una incomunicación. Si la razón se deja influir por la naturaleza y la memoria, aparece una filosofía en movimiento.

Adorno resuelve los dualismos rígidos y estáticos con la filosofía en movimiento de Hegel. Hegel incorpora la noción de relación dinámica en el tiempo. Los dualismos sólo existen en mediación el uno con el otro, teniendo una relación dinámica que se desarrolla en el tiempo, la filosofía se hace dinámica para hacerse dialéctica. La finitud se alía con la dialéctica, y se libera del sistema y la totalidad.

En este sentido, la dialéctica revela la existencia de lo otro, de lo diferente, de lo plural frente a la identidad. En la dialéctica  – la razón se piensa contra sí misma, avanza a través de las contradicciones de lo real y entre lo real y la razón. Libera a la razón de la claridad de lo cartesiano y toma el principio de no contradicción, la claridad y la coherencia como ideales del conocimiento, ideales racionales que sólo se comprobarían a través de la heterogeneidad de la experiencia.

La negatividad de Hegel[9] ingresa aquí como motor del pensamiento, convierte la contradicción en impulso y la reduce para un fin que es su contrario, tesis y antítesis se resuelven en la síntesis que acaba superando a la negación misma.  Adorno convierte la dialéctica en negatividad, elabora una dialéctica que avanza a través de contradicciones nunca se resuelven ni se superan en una armonía forzada, donde lo diferente permanece como diferente sin ser subsumido por la identidad.  Adorno entiende la negación como crítica, se resiste a cualquier forma de dominio, denuncia toda violencia e imposición de unidad sobre lo plural. Según Adorno, Hegel no podía ejercer la crítica porque razón y realidad –se agotaban la una en la otra- y le daba un sentido racional a la realidad. En la filosofía de la identidad, no se deja lugar para la crítica y la autocrítica ni para lo nuevo o lo posible.

Partimos de la idea general que Hegel considera la ciencia filosófica y el sistema como inseparables. Descarta la <filosofía de la reflexión>, es decir, la filosofía de la Ilustración y la kantiana, ya que ésta filosofía se vuelve sobre sí misma, se entra  en-si-misma y pierde su contenido real, reduciéndose a pensamiento formal y vacío.   Aquí afirma que lo supremo es el espíritu. Siendo el espíritu, la vida infinita en oposición a la multiplicidad abstracta, separada de la unidad. Por ello, Hegel pide avanzar hacia un lenguaje teorético globalizado, especulativo y conceptual, propio de la razón, capaz de comprender el espíritu. Esto lo trabaja Hegel a partir de la Realphilosophie en adelante. Su matriz teórica se centra en el Espíritu, éste se autoenajena y se recupera a sí mismo.

Desde el psicoanálisis, la falta y la decatexis son experiencias de sufrimiento y ausencia en las que se busca la reivindicación en la transferencia. Green[10] dice que cuando el plazo de espera de la figura maternal es demasiado largo, sobreviene la desesperación, con inscripción de una experiencia de dolor que hace decir –no- a todo, incluso a uno mismo. En este sentido, podemos captar una enajenación del sujeto, una destrucción de ligazones, una intolerancia al dolor en el que el trabajo de lo negativo resulta esencial y adopta una forma de exclusión radical, tomando un protagonismo vital.[11] El énfasis está en mostrar la ausencia, la falta, es un estado donde sólo lo negativo es lo real. La marca que deja la experiencia de lo negativo alcanza a toda la estructura psíquica, y al cautivar la ausencia una huella en la totalidad, la presencia ya no puede modificar el modelo negativo, porque ya forma parte de la estructura psíquica. Lo negativo aparece entonces como totalidad, defensa necesaria ante una realidad dolorosa, una naturaleza que la razón no puede dominar y por lo tanto se subsume a ella en la negatividad.

Incidimos en la mirada de Schopenhauer quien reconoce que la realidad no puede identificarse con la razón ya que es: irracional. La realidad es la extensión de una voluntad infinita, es la voluntad de vivir, un impulso irracional que lucha por la supervivencia, nos llena de competitividad y enfrentamiento, convirtiendo al mundo en un espacio de violencia y sufrimiento. Frente a esa realidad ontológicamente injusta, la razón no debe perseguir la identidad sino ejercer la crítica. Schopenhauer cae en un pesimismo radical sin esperanzas; ni el individuo o la historia modificarán la realidad.

La dialéctica negativa de Adorno se muestra optimista ante lo nuevo y diferente. Lo negativo en el psicoanálisis se presenta como reparador. No se circunscribe a la patología, pues a través de la constitución del objeto transicional[12], ante la ausencia, el objeto reúne rasgos que le recuerdan al objeto y lo usa para negar la falta de es. Desde allí, ese lugar intermedio recibe una investidura positiva. El objeto transicional como una posición del no-yo, está definido como un negativo de mí, implica la idea de algo que no está presente, lo cual es otro significado de lo negativo. En la creación del objeto transicional, no interesa tanto el objeto, sino el uso que se hace de este.  Es decir, la tolerancia de lo negativo, negativo que se define, según Winnicott[13] por su ausencia, que surge de la huella de una falta o para negar la falta.

La crítica[14]  para Adorno, interviene en la realidad desde la justicia y en búsqueda de aliviar el sufrimiento, nos aleja de un idealismo que se asimila al positivismo. Esta idea conmueve al tener similitud con el alivio antes el sufrimiento que el objeto Winnicotteano sugiere. Curiosamente, Adorno recalca que es importante aquí identificar el peligro que esta actitud se base en la falsa seguridad de haber encontrado la verdad de la falsedad del presente. No debe sentirse superior.  En Winnicott, es la posición del no-yo  cualitativamente similiar a aquella sugerida por Adorno en cuanto a falsa seguridad de haber encontrado la verdad. Es un sustituto.

Para Adorno, la crítica toma una posición transcendente: es dogmática y reaccionaria, no dispone de conocimiento de verdad para denunciar. No existen posiciones superiores, ni privilegiadas. El crítico sólo se sitúa dentro de un movimiento dialéctico entre crítica inmanente y trascendente, dentro y fuera de una situación que denuncia. Se convierte en lo no idéntico, la crítica se convierte en autocritica para alejarse del dogmatismo. Advierto una cercanía al concepto que Green[15] asocia cuando se diluyen las representaciones internas en la representación interna de -lo negativo-, llamándola ausencia de representación, que se expresa en términos de alucinación negativa o en el campo del afecto al vació, a la futilidad o el sinsentido. Es decir, esta característica de decatectizar, de la ausencia y vacío, permanecería como la única realidad.

La epistemología Adorniana formula una teoría de conocimiento fuera de la imposición de la identidad, sobretodo en la búsqueda de la diferencia. La razón negativa conlleva a un deseo de verdad, busca fuera de sí lo que ella no es, devela la pluralidad de lo real fuera de la totalidad. Cuando la razón se deja guiar por intereses subjetivos imposibilitan la objetividad del conocimiento, se aleja el sujeto de conocer el objeto: la proyección de sí mismo sobre el objeto le impide alcanzarlo, así el sujeto nunca llega a conocer al objeto tal como es. Sin embargo, el sujeto y objeto no son en sí mismos entidades independientes, sino que son en su relación y se determinan recíprocamente, por lo que le sucede al objeto le sucede al sujeto.

Según Adorno[16], no es viable eliminar la tensión dialéctica que los vincula, no se puede lograr una armoniosa unión entre ambos, o la mezcla de uno en otro, lo que pretende buscar es una relación en ellos que no elimine la diferencia bajo la unidad. Y ésta es el respeto a la diferencia del otro; donde se asuma la primacía del objeto. El sujeto debe admitir que el conocimiento lo primero es el objeto, no el sujeto. No intenta desaparecer su dominio ni imposición, sino sugiere entregarse a él para conocerlo. El sujeto debe asumir que el conocimiento empieza desde fuera de sí mismo y es un proceso que debe darse con calma, observando detalles pacientemente, donde el sujeto se ha de dejar fecundar por el objeto.

Esto significa el fin de los privilegios del sujeto, en la dialéctica materialista, el conocimiento comienza con el respeto hacia la materialidad de los objetos. Sin espiritualidad ni racionalidad. Se renuncia a los principios que racionalicen la materia, rechaza las teorías que la violenten. El sujeto debe conectarse con sus orígenes, asumir que lo espiritual procede de lo material y la razón es producto de la naturaleza. (Schopenhauer).

Esto se logra cuando el sujeto activo se abre al objeto y se autocritica. Solo el sujeto define al objeto, los distingue entre ellos, analiza, por ello el conocimiento necesita el trabajo del sujeto. Necesita tanto de sus facultades intelectuales como de sus deseos, afectos e impulsos, siendo necesarios para el objeto. Sólo así, dice Adorno, el conocimiento brotará de la experiencia, del encuentro entre sujeto y objeto en un espacio y tiempo objetivo.

Tras esta dinámica epistemológica introduzco a Bion[17] quien considera diversos destinos en relación a la falta. El lugar de lo negativo en él, representa para el analista la capacidad de abordar lo incógnito. Me refiero a  la “O” de Bion,[18] que contiene lo negativo como una parte potencial de la personalidad. Los espacios de funcionamiento mental suponen la elaboración de áreas de inconciencia dentro de la mente, experiencias mediante un devenir que aborda similarmente -el trabajo de lo negativo- según Green, como ganancia de nuevos niveles mentales de lo incógnito. Es así como la no-cosa, la percepción del no-pecho se da en lugar de lo perdido, y capta la falta.

En este contexto, la experiencia del sujeto desde Adorno, está colmada de libertad y crítica –indispensables para el conocimiento. Sólo el individuo puede hallar la verdad. Siendo esta parcial o contingente, ya que no hay una verdad superior que aminore su libertad y crítica. Si se transforma esta relación, también repercute en la relación lenguaje y materia. Tenemos que lo efímero, lo cambiante, lo transitorio es insignificante y prescindible, por ello, se remiten al olvido y se van concentrando en grandes edificios conceptuales cada vez más autónomos y autárquicos.

Tenemos a lo negativo como una nueva concepción del conocimiento que incluye, desde el psicoanálisis, el conocimiento afectivo, el desarrollo desde el inconsciente negativo de Freud, quien le da una apertura a lo nuevo, a lo que aún está sin vincular, es decir, unlinked, a lo que aún no ha sido hallado pero que es parte de lo real. Podríamos llamarle el pensamiento sin pensador, aquel que es descubierto como parte de la realidad de lo incógnito que precede y sigue a cualquier momento de conocimiento.

Desde la filosofía, es importante reconocer estas construcciones que son la cosificación de un olvido.  Adorno considera que la herramienta esencial es el lenguaje no lingüístico, transformando  conceptos para que no sean idénticos a sí mismos, inmutables o definitivos, si no dinámicos y dialécticos[19]. El plantea que estos conceptos deberían disponerse en constelaciones: sucesión de intentos para resolver un problema abierto. Al no limitarse, los conceptos contienen un <excedente> esperanzador.  Ejemplo: buscar un concepto que definiera el aquí y el ahora… sería un misérrimo. Los conceptos trascienden lo que existe, el lenguaje tiene un elemento promesa, es la utopía de la materia.[20] El lenguaje es aquel que nace de la experiencia que el sujeto tiene de los objeto y no se impone desde la razón de las cosas. Debe ser expresión de la experiencia entre sujeto y objeto, debe expresar la experiencia subjetiva de lo real, objetivándola en los conceptos.

Quizás incorporar el conocimiento de lo inconsciente, nos permite hacer referencia a lo negativo, no sólo debido a que no es consciente sino que también porque el elemento inconsciente es aquel que sirve de vínculo entre dos representaciones conscientes y las torna inteligibles. Es así que en las constelaciones adornianas, el elemento inconsciente daría luz a pensar que los pensamientos a partir de lo negativo parecerían inagotables.

 

[1] Theodor W. Adorno. 1984. Dialéctica Negativa. Madrid: Taurus.

[2] Op cit.

[3]  op.cit.

[4] Filloux,Jean Claude .1972. El inconsciente, Barcelona: Oikos-tau.S.A.

[5] Green.André . 1995, El trabajo delo negativo. Bs As: Amorrortu Editores

[6] Freud, Sigmund. 1981. “La Negación 1925”. p. 2885. Madrid: Ed. Biblioteca Nueva

[7] Firszman-Bosoer.E. 1996. Algunas figuras de lo negativo. Zona Erógena. No.30

[8] Op cit 1981. p.2885

[9] Hegel, G.W.F.  1999. Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas en Compendio. Alianza Editorial. p 15

[10] Green, A. 2000.  André Green at the Squiggle Foundation. Londres: Karnac Books.

[11] Green,A.  1995. El trabajo de lo negativo. Bs.As.: Amorrortu. p.374

[12] Green ,A.1995 ,op. Cit   376

[13] Winnicott, D.W. 1979 .Realidad y juebo. Barcelona: Editorial Gedisa.

[14] Theodor W. Adorno. 1994. Dialéctica de la Ilustración. Madrid: Trotta.

[15] Green,A. op cit  377.

[16] Theodor W. Adorno. 1984. Dialéctica Negativa. Madrid : Taurus, Madrid.

[17] Bion,W.R. 1958. On arrogance. En: IJPA, pg. 39.

[18] Bion,W.R. 1987 Attacks on the link. En: Second thoughts. Londres: Karnac Books.

[19] Theodor W. Adorno. 1990. La dialéctica Moderna. Munchen: Piper  Múnchen.

[20] Theodor W. Adorno. 1976-77 .Terminología filosófica I y II. Lección 6-7.Madrid: Taurus.

 

Rosabel M. Maza / Lima, Perú
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